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martes, noviembre 16, 2010

Puerto de Sagua La Grande Clip 14

Clip nostálgico para el Club Sagua La Grande en Facebook.

UNDOSOVISION PRODUCTIONS

1986 - 2010

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ARCHIVO SABANEQUE

1970 - 2010

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jueves, febrero 25, 2010

Manuel El Japonés, Sagua La Grande


Espía o Pescador

Hacia finales de los años 30, antes de la Segunda Guerra Mundial, llegó a LaIsabela un pescador de piel cobriza, color más bien de aceituna madura, bajaestatura, y una estructura física que más bien parecía una sólida columna seacero que decía ser japonés y hablaba un español casi natural, con escasos ypocos notables defectos.

Hacía llamarse Manuel y pescaba al estilo de ciertospaíses de Asia, zambulléndose sin ayuda de ningún instrumento que le permitierarespirar. La cantidad de tiempo que este hombre era capaz de permanecer acuarenta pies de profundidad era algo desconocido aún para mi abuelo que erabuzo profesional; era los tiempos de la escafandra, etc.

Vestía solamente unospantaloncitos cortos por ropa, un arpón, o sea, una simple vara de metal con unapunta de flecha que tenía un filo capaz de afeitar a un barbudo como Hemmingway.Manuel vivía a bordo de su bote. Ahí hacia toda su solitaria vida. Solo. Nuncaun visitante, una mujer, un viaje al correo; nada. Se pasaba diez o doce días encada salida pescar, uno o dos días en puerto y de nuevo a la mar. Solo por loscantos del veril, empezando por Cayo Hicacos, (el Faro de Boca de Sagua parecíaser su sitio favorito), pero cuando se desplazaba hacia el este por las costashacia Caibarién, o al oeste, Cárdenas, quien sabe hasta dónde, nadie lo notabaporque a nadie le interesaba él.

Su solitaria vida era muy poco atractiva,-¡qué digo, le era totalmente ajena a los demás pescadores!- Solo cuandollegaba al tren de pesca cargado de enormes guasas, cuberas y pargos llamaba laatención, y eso porque solo él, con su estilo de pesca, traía los peces másgrandes que se atrapaban en todo el puerto.Manuel el Japonés no buscaba a nadie por compañía, y si se veía en el compromisode saludar o hablar con alguien, lo hacía en voz baja, breve y andando. Yo meatrevo a pensar que uno de los pocos isabelinos con quién mantenía a veces unmuy corto dialogo tal vez lo fuera mi abuelo Emilio y eso, probablemente porquea Manuel le gustaba demostrar que zambullendo como dios manda él era superior atodos los equipos.

Y Emilio era un hombre muy sin compromisos de pruritossociales; todo en Emilio iba a flor de piel. Y un hecho lo acercó un tanto y medio a mí la oportunidad de conocer, o al menos ver, de cerca al japonés. Miabuelo me llevaba con él a todas partes tanto en el mar como en tierra, "Tú eresmi compañero," me decía. Un mensajero llegó con un telegrama para EmilioRodríguez, de Holanda."Barco holandés encallado con carga abordo. Punto. Precisamos inspecciónexterior del fondo antes de intentar desencallarlo…etc."

No recuerdoprecisamente donde estaba el barco encallado, un remolcador salía de Holandahacia allá, sé que era algo lejos. Manuel le pidió a Emilio que le permitieraacompañarle porque él nunca había visto como trabajaban los buzos profesionales.Nada podía ser más inocente. Vamos. Recuerdo que el abuelo mientras pescábamossolos él y yo por allí por los cayos de La Empalizada, me contó algo extrañado.Mientras mi abuelo y sus dos ayudantes preparaban los equipos, compresor manual,escafandra, cinturón de pesas de plomo, tubos ya Manuel había recorrido todo elfondo del barco, los puntos peligroso del arrecife y tenía una estrategiaformada sobre como liberar el barco… Emilio no era hombre exaltarse por nada quepasara, pero de sus propias palabras recuerdo que me dijo: Se me abrieron losojos una cuarta. Bajaron los dos, cada uno en su estilo, pero mientras que elbuzo profesional tenía una serie de limitaciones, largo de la manguera del airey de la soga que le servía de soporte y de timbre de emergencias, la visión dela escafandra era muy limitada y una serie de otras demandas del trabajo mismo,aquel condenado hombrecito subía, bajaba, raspaba secciones del fondo con uninstrumento provisto para remover cualquier cosa del casco para poder observarel metal limpio…y le señalaba al abuelo, aquí, allí, bueno, malo….

Tres díastrabajaron hasta removiendo algunos corales que pudieran causar el más levedaño. Porque bueno es decir, que ese japonés cuidaba mucho de la naturalezamarina.Un remolcador de Filadelfia y el holandés llegaron como al tercer día con un parde gabarras y sacaron el barco con un mínimo de daños, pero capaz de seguirnavegando rumbo al astillero por si solo. Mi abuelo era generalmente muy bienpagado por estos trabajos y, aunque nada habla prometido, trató de compartir supago con el japonés. Pero no, Manuel no le aceptó un centavo, es más le dijo quepara él esta experiencia había sido una escuela y que con lo que había visto,había enriquecido sus conocimientos. Nada más justo, si nunca había visto esto oaquello y había aprendido algo…..

Por esos días en Cuba, al igual que en varios países, incluyendo los EstadosUnidos, andaban compradores de chatarra comprando hasta el último pedazo delherrumbroso trasto o pedazo, donde quiera que se hallara. Japón compraba. Dineroes dinero, que caray.Nadie supo nunca de donde había venido el japonés, pero tampoco supo nadie,porque a nadie le importaba, cuando se fue Manuel el Japonés de La Isabela. Almenos, yo lo sé.Yo era un chico, hay cosas que no sabía, no tenía idea de que ciertas accioneshumanas llevan en si significados ajenos a los ojos que le miran, ni de que másallá existían muchas de las cosas que aún hoy no sé si existen.

Porconsiguiente mucho escapaba a los ojos de este narrador….pero han pasado muchosaños, y con los años se han visto y aprendido algunas pocas cosas que nunca sehubieran podido imaginar.Hubo una guerra empezada por el Imperio Japonés. El mundo es hoy lo que enaquellos tiempos pudo haber sido solo la imaginación de un escritor loco, de quepor algún lugar del universo había una planeta donde….usted conoce el cinemoderno…..Pero yo he navegado por muchos mares, he visto que Manuel no era ni fue nunca elúnico, aunque para los isabelinos si lo fuera, que pesca en ese estilo, he vistoel trabajo de los buzos, he trabajado en astilleros reparando barcos y…tambiénhe leído algo sobre espionaje, ciencias marinas, en fin, que puedo mirara haciaatrás.

Y cuando lo hago veo allí, frente al Faro de Boca de Sagua, en aquel botemisterioso a bordo del cual jamás pudo subir un isabelino, en el cual vivía unsolitario hombrecito fuerte como una columna de acero, cuya breve conversaciónera bastante refinada para un pescador que todavía andaba usando métodosprimitivos, pero que cuando inspeccionó aquel barco holandés con mi abuelo loúnico de primitivo que demostró era el trabajar con la naturaleza y no conmáquinas…Y luego despareció sin dejar huellas, exactamente igual que había llegado untiempo atrás.¿Quién era, en realidad, aquel hombrecito que decía llamarse, "Manuel elJaponés" y que hacia?Hay en algún lugar recóndito de mi memoria un vago recuerdo de este hombre, queme intriga.

Esto lo vi yo un par de veces, mientras pescaba con mi abuelo ahícercano al bote de Manuel. Algunas veces este se zambullía y cuando volvía a lasuperficie andaba demasiado lejos de su bote para nadar cansado por el habercontenido por tanto tiempo la respiración, pero, no; salía como si hubieseestado sentado en la terraza del mejor hotel de Paris: fresquecito. ¡Señor, nilas ballenas! Pero siempre salía a flote en algún punto donde el viento y lacorriente le ayudaban a regresar flotando al bote.

Y he aquí mi observación.Cuando Manuel hacia uno de esos largos recorridos, no traía pescado alguno, sinoQue salía, se acostaba boca arriba y comenzaba a decir algunas cosas o tal vezfórmulas. Las decía, las repetía, las repetía otra vez y otra vez, hasta quesubía al bote y se metía en su oscura cabina y cerraba la puertecita. Raroproceder con el calor y tan lleno de agua el cuerpo y más, cuando hacia eso,aunque le mentaras la familia no atendía ni hablaba con nadie solo correr a lacabina. Esos fueron los únicos momentos en que yo lo pude ver apurado.

Como niel abuelo ni yo sabíamos japonés, yo le comenté un día, ¿abuelo te fijas queManuel siempre hace eso cuando nada muy lejos? Emilio se viró hacia mí, memiró fijamente por un minuto y después me dijo, eso suena como una repetición desonidos, puede que este hombre tenga una religión que lo protege y esa sea sumanera de rezar. Lógico, ¿Verdad?Un algo más, en esos tiempo en la Isabela el único pescado de arpón o fija queel comercio compraba era la lisa, de modo que los gigantes meros, guasas y otrosque el Japonés traía no tenían comprador en el puerto, de modo que este hacia sud propios empacados y embarques y a nadie le importaba un bledo a quien o conquien el negociaba. Perfecto sistema.

Cada pulgada de fondo de nuestras costaspueden haber sido estudiadas por años, unos meses en cada puerto y nadie sabenada; mucho menos el gobiernoPero sabiendo una cosita o dos sobre unas cuantas cositas que los hombres,científicos y guerreros hacemos en tiempos de guerra, vuelvo y le pregunto alabuelo, donde quiera que se encuentre:¿Abuelo, viendo lo que hicieron los submarinos del Eje durante la guerra, y eluso que se le dio a la chatarra vendida al Japón, en los años inmediatamenteanterior al comienzo de la Guerra, ¿no sería Manuel el Japonés un bueno y bienpreparado Espia?

Escrito por Gilberto Rodríguez, nuestro último lobo de mar.
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jueves, febrero 04, 2010

NADAR EN EL FANGO (Sagua La Grande)

Por: Gilberto Rodríguez

eb 2 2010, 06:16 PM Post #1
Almirante

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Joined:Feb 14, 2009

Era yo muy jóven y lleno de brios, pero si muchos golpes pegaban las olas contra babor por la proa lanzando blancas espumas que se chorreaban sobre y por los cristales del puente, añadiendo sus risas a la blanca oscuridad, muchos giros también daba yo pegado a la gigantesca rueda del timón. las cabillas,cadenas y sugas que hacian de comunicador paseando sobre las cubiertas para llevar las órdenes a popa y tratar de amenguar los tirones de babor a estribor ababor.... Da vinci y su novia, la rosa, danzaban como la princesa cuando le presentaba la cabeza de Pedro al Rey.

Cuarto de vuelta, 30 grados, cinco mas vuelve al cero corre al sur ahora en redondo, pasito alante, pasito atrás, profesor enséñeme a bailar... ¿Por qué no a nadar mejor? Los ensordecedores aullidos de lobo en nada superan al viento contra los cables y serviola parado allá en el confin de la proa, acurrucado que puede estar, las manos hechas churros sin calentar, la campana a sus alcance queno lo espera para sonar, los platos que ruedan de lado a lado sobre las mesas ymás aguas que has me corre por los pies porque ya rompió el secreto de un cristal...

No se asusta nadie porque el piloto con tantos años sobre el agua sea el primeroen vomitar, a pesar que estuvo aguantando largo rato para primero explotara el timonél, paciencia, mi señor, que yo también he de cantar.

Rugiendo allá ariba el "pito" que para mi barco era "whistle". aunque eso quiera decir, "chiflar". Si fuera entre cubanos hubiera dicho el travieso que aqui siempre chifla el mono. Pero esta es una nave de grandes y curtidos marinos y de cientificos que se limpian con hojas de seda y pana al desfecar. El único pirata en la escena es al timón. Me dejan ahi mucho tiempo, tanto hasta que mis brazos cuelgan desgajados como árbol derribado en el costado de la loma allá al caer. No sé si es que me consideran bueno, muy bueno, que me toman por tonto, o que de veras lo hago bien. Y me gustan a veces esos sustos del chillón.

El ronco rugido cada dos minutos del silbato se pìerde entre la infernal orquesta de tantos instrumentos de liquido cristal. Miran, miran, y vuelven amirar, serviola piloto y capitán. No es que haya miedo, es atención profesional. Témpanos de hielo de mil tamaños flotan giran, danzan, señor maestro, enseñeme abailar. Y por bailar claro que alegremente y con sus risas enloquecederos danzan.

Y las finas gotas se tornan en grandes gotas, y estas y otras me obligan de vezen cuando a resoplar y quitármelas de la cara por que no me dejan ver ni respirar.

El Segundo, mi mentor, apiadándose de mi tal vez, se me plató a la derecha y entre los dos ahora haciamos girar aquella rueda que de pronto cual fantasma maligno del Valhalla giraba de tirón sin consultar y entonces los "spocks", eran batazos en un campo de beisbol en un mundial, y al instante giraban a otra parte como dardos endiablados tratando volar, o unas mazas de vikingos que nos querian apabullar.

Y sin quererlo bebimos del agua con sudor que desde mi cabellera por ojos nariz y mejillas tantas veces en la boca me cayó.

Y dos dias después ya pasada esa tormenta me sentaba en las rocosas laderas de un volcán. del leve callo que ali senti espirales similares a humo blanco se elevában...aunque no iban muy lejos en lo alto, pués a poco ya se conjelaban. Y las aguas corrieron. Y mis brazos con el tiempo se curtieron.

Giro compás. Lorán, Radar, pirulies en las bocas de los chicos, azucenas en el pelo de la novia, barriles de petroleo debajo de las cubiertas, reflectores y detectores, figurines de capitán y mares por la cintura del globo me ven pasar.P or allá arriba de las montañas distante se ven las nubes que viene hacia el mar.

Hay nubes rosa, grises, amarillas y coral, todas variantes se gún que vuelan o adonde van....

Copiosa lluvia sobre mi cabeza cae. Velas al viento, eso me ayuda. Bebo del alto, lo que me cae. De pronto pienso y pregunto:¿Dime, lluvia, nos conocemos?

Pasan las horas, dias más pasan y llego a casa.

Duermo esa noche, ¡vaya, no faltaba más!

Y cuando amanece taza en la mano al jardin de mi portal me acerco. Me deleitan mis rosas, jazmines y claveles, me gusta cuidarlos bien. Pero he pasado mucho tiempo ausente, el que estado entre las olas del mar.

Deslizo suavemente mi mano por debajo del pétalo de una rosa. Cuido que mi atrevimiento no la vaya, cual a la novia somnolienta no la vaya mi mano a despertar.

No llegué a tocarla. No me atrevo. Es virgen, es sagrada, es nueva, es mujer.....

Alli, sentada con su prisma, redondita más que el planeta que habitamos, cristalina, sonriente, está esperando. Solo queda saber de todas ellas, ¿esta escuál?

¿Cual de las millonarias gotas de agua salada que empaparon mis mejillas el el Ártico eres tú? ¿ O es que acaso me persigues por los mundos y eres la misma que me mojó las espaldas mientras navegaba por el Ecuador? Fria, cálida, fresca, espumosa, blanca, cristalina, verde o azul, cuál de ellas eres tú?

Oi a mi hijita llamar: "Papá, déjame que corte esa rosa y la ponga en tu mesita de noche, asi, con su gotita de rocio, ¿quiéres?

"Esa otra noche la dormí acompañado de esa gota de mis sabores, formas y amor que me ha seguido, fiel a mi, fiel al humano.


Gilberto Rodríguez es nuestro último lobo de mar de la época republicana.
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jueves, enero 28, 2010

De nombres y nombretes

Por: Gilberto Rodríguez

No creo yo que pueda escribirse sobre la vida de un pueblo, a menos que se le tome el pulso al ciudadano común y se le siente a la mesa de la historia junto al más sobresaliente de los ciudadanos ilustres y poderosos, porque al banquete de la historia todos somos invitados. El puerto y el pueblo de Isabela de Sagua tiene una apariencia geográfica de punta de lanza que apunta hacia las distancias azuladas de cielo y mar para indicar ciertos futuros. Pero como el futuro no es más que el conjunto de experiencias del pasado, ajustadas al pensar del narrador de los recuerdos, es posible, como Angel Lázaro, inventar el acto heróico de un marinero tonto que salva a la princesa del mar donde ha caído, para asegurar por simpatías, el reino. Las tradiciones y las leyendas que han pasado a través de la Historia, de padre a hijo, y de Cacique a Tribu, así ha logrado sobrevivir espiritualmente cada grupo, cada familia, cada nación. Nosotros hemos sufrido el borrón de la historia de un zarpazo. Mas... Mire a su patio y dígame, si puede, que elimino la última semilla de yerba que allí había....

Asi, lo que pareciera chiste se hace memoria; lo que ayer nos era ajeno, hoy nos urge, los que ayer pasaron ignotos, hoy nos llaman y nuestros propios corazones se regocijan al encuentro con sus ayeres, con sus hermanos y hermanas, con sus arenas aun clavadas en las alpargatas del tiempo.

Asi con nuestros nombres. "Aqui todos tenemos nombretes", ha dicho alguien. Bueno, no todos; pero si muchos. Por ejemplo, una estampa que llevamos pegada a la carta con que navegamos, trata de competircon El Nuevo Testamento", cuando tiene mas hombres llamados Juan que el sagrado texto. Miremos sino. Tenemos Juanes llamados por su etnia, por sus caracterisiticas y hasta por la risa. Cuento.


Juanillo el Isleño, Juan El Portugués, Juan El Puerto Rico, Juan El Turco, Juan "El Chapo" Povilla, Juan Cachimba, Juan Chorizo, Juanillo El Chivo, Juan El Largo, Juan El Muerto, ad infinitum...


Pancho El Largo (Recuerda alguien cuando le quito las gomas a su automóvil y lo corrió por los railes del ferrocarril?).

Esto trae a colación un chascarrillo ocurrido en el cafecito del "Chino Harina". El café tenia unas poquitas mesas al aire libre, donde muchos parroquianos pasaban las honas jugando brisca o dominó. Un buen día, como a las dos de la tarde, tres isabelinos y el nuevo cartero de pueblo jugaban a la brisca, cuando la conversación se tornó en lección de cultura interna.

Resulta que el hombre que repartia la correspondencia en la Isabela por largos años, no rcuerdo la razón, ya no estaba en el cargo y, por un aborto mental de esos que los políticos son capaces de producir sin anestesia, mandaron a un buen hombre de fuera para el cargo de cartero. Pocos meses llevaba el nuevo cartero en la Isabela, pero ya comenzaba a hacer amistades. Y en uno de los lugares que más amigos había ganado era allí, en el Cafecito del Chino Harina. Y es alli que se promueve una conversacion sobre lo lento que era el sistema de pago de compensaciones a los obreros por lesiones ocupacionales.

-Ah, dice el cartero, y no se imaginan ustedes, a veces, lo difícil que se hace en este pueblo tan chiquito, encontrar a una persona para entregarle sus cartas...

?Por qué dices eso?

Bueno, porque miren ahora que Zungo habla de eso, yo hace cuatro meses que ando con una carta arriba, del seguro laboral, y no logro encontrar al destinatario para entregarsela...Y miren que he preguntado por ahi....

Silencio...

Y, pregunta Zungo, que era uno de los cuatro jugadores en la mesa, para quien es la carta esa, déjame verla.

Para Pedro Bezada Ordoqui, dijo el cartero.

!!!Ah, Dios de Dios; Santiago de Compostela!!!


Pedro Bezada Ordoqui era Zungo. Marinero, miembro de una patana azucarera de la firma Garcia Beltrán, donde trabajaba con Juan Chorizo otro de los que jugaban en esa mesa, ese día.

"Valga Sancho, mi nombre", que diría El Quijote.

Gilberto Rodríguez es uno de nuestros últimos lobos de mar de la Repúbica.
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miércoles, agosto 12, 2009

El zapato de Don Manuel

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Era Manuel Rojas uno de esos estibadores que teniía la Isabela en su puerto, oriundos de distintas partes de España que parecían haber sido seleccionados por la Madre Naturaleza por su enorme fuerza ycorpulencia. Era Isleño, como los cubanos, hijos de una isla llamamos a los hijos de las Islas Canarias. Dicho sea de paso, Las Canarias y Cuba, geográfica e históricamente han sido siempre y serán, las dos patas del puente más corto entre La Madre Patria y la Hija menor, a su vez puente y portada para llegar a las hijas mayores de España.

Don Manuel Rojas tuvo una amplia prole, era muy querido y respetado en La Isabela...y tenía una chalanita de unos 16 pies, con que pasaba sus horas de ocio pescando frente a los Muelles de Alfert. Empacaba,como tantos otros pescadores, su botella de agua, su cachimba, hoja de tabaco, y algo de almorzar, tempranito al amanecer. Se hacía a la mar y, remando, se iba hasta un punto más o menos de 800 metros al sudoeste del Muelle de Alfert y Cia. Echaba su potala (una placa de acero que en su tiempo había sido parte del freno que sujetaba una rueda del tren de ferrocarril, ahora desechado por uno más joven, como pasa entre los humanos) y echaba un par de piticas por la borda.
Como no vivía de la pesca, ni tenía prisa, cargaba la pipa de tabaco en rama, prendía el fósforo, echaba unas bocanadas de humo, y se acomodaba entre los asientos del medio y la popa a descansar. "Ya picarán", se decía. Y de vez en cuando algún curbino extraviado o unas salemas vírgenes se cruzaban con su anzuelo y servían de cena al buen hombre. Si no se pesca hoy, siempre hay un mañana...y tal vez un buen serrucho para hacer un escabeche se acerca por aquí.
Y los días, meses y años desfilaban holgazanes por la bahía, como pasan las olas de arena en el fondo, cuando las corrientes cambian de orientación. En la Isabela todos nos conocíamos por generaciones. Y Don Manuel y sus constumbres eran, como tantas otras, una mampara asentada sobre el horizonte del puerto.Hola, Don Manuel!!! ¿Pica o no pica, Don Manuel?


Ahí, ahí vamos... con su voz lenta, asentada, poderosa y gentil. Prendía la pipa de nuevo y de nuevo se echaba a dormir o, tal vez, a meditar sobre el futuro del mundo. Allá en el pueblo su amplia familia se movía en todas las direcciones y actividades. Don Manuel Rojas tenía razón de estar sereno, buenos y luchadores hijos e hijas,una esposa muy bien querida de todos y una magnífica y grande casa en el centro del pueblo que garantizaba la estabilidad familiar por los tiempos porvenir. Cuba le era noble regazo a Don Manuel, y La Isabelaera uno de los puertos más activos de la nación cubana. Siempre había trabajo y empleo. Y además, ahí estaba el mar. El mar con sus enormes riquezas, y las aguas alrededor de La Isabela, tan rico en todo tipo de productos, pescados, moluscos, ostiones -!Ah, Ostiones de Sagua!- entre los mejores del mundo, no ya solo de Cuba. Nadie se acostaba sin comer en la Isabela, aún en los peores tiempos de su existencia.

Pero la Vida es chistosa. Y nada es perfecto ni eterno. Y hay tiburones.Muy raramente se ha oído a un isabelino quejarse de un tiburón...aunque hay leyendas.Nunca se oyó a Don Manuel Rojas contar una fantasía....pero hay sorpresas también. Y he aquí una casi chistosa. No les he contado que Don Manuel usaba zapatos altos, de cuero, amarillo. Acostumbraba aflojarles los cordones pero sin quitárselos de los pies. Y luego, echaba una pierna sobre la borda, costumbre de pescador, y hasta a veces, como los chicos, hacelos danzar sobre la superficie del mar. Divertido e inocente pasatiempo del marinero de bote chico. Pero un día......Un día Don Manuel salió en su chalanita, hizo todas sus ceremonios de acuerdo con su propio manual de operaciones pesqueras, como lo había hecho por más de 40 abriles. y se echó, al mediodía, bajo aquelcálido sol de la bahía isabelina, su siestecita. Pero....

!Guay de mi, Sancho!-este es mi día.Como esos chicos que llegan corriendo de la escuela felices de regresar a casa después de un día metidos entre los pupitres en la escuela y encontrarse que papá vino temprano del trabajo hoy y está durmiendo su siesta.....!Blam, blam, blam! encima de papá cae la tropa alegre sonriente, feliz. Ah, pobre siesta, digo, pobre viejo...

De pronto, un tirón salvajemente sobre su pie izquierdo: !Rayos, que eso duele!De un salto el lento caballero se incorpora y mira al mar.

Alegre y retozón allá iba su zapato nuevo.... amarillito, todavía embetunado por el peletero que se vendió.. Como se divertían...corriendo tras del zapato...

Tres o cuatro cazones ( tiburones jóvenes) se disputaban la presa que le habían arrancado del pie a Don Manuel.

Mi zapato endiablados tiburones.........
La noticia corrió de boca en boca en La Isabela como si un terremoto hubiese atacado a un curro sobre una mata de coco.... si esas cosas pudieran un día suceder.


Y los isabelinos, y Don Manuel en particular, con su particular hábito de entonces me dio pie para esta Estampa Isabelina.

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domingo, julio 12, 2009

Indelebles recuerdos

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Por: Gilberto Rodríguez
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Indelebles recuerdos hay tallados en mi piel, con rasgos de agua salada que demora y reabre las heridas. Huellas de los ostiones de La Empalizada cuando al sacarlos de la raiz del mangle rechinan y se resisten a abandonar su corriente.

Tallados están en mis espaldas los rastros del mangle prieto que se erguian en Las Playuelas esparciendo aquellas puntiagudas raices que llaman de "jucuru". Y talladas en el alma están las espinas del erizo negro tan cruel como sus puntas son finas.

Los recuerdos son tatuajes, las memorias son tallados y los amores son pan que alimenta las distancias y sutura las heridas del camino. Y las heridas sanan, mejoran y cicatrizan; pero dejan su huella tallada en el alma del viajero. Una eternidad vibrante cual rumbera de la noche, los recuerdos son tatuajes, la vida es copa de ambar y las quimeras de ayer, recuerdos del hoy ya son, que acarician sin pudor, las esperanzas de ayer en motitas de algodón.

Hoy con recuerdos que vuelan por la memoria del ciego, le hacen revivir escenas, amores y más, aunque los ojos, no le sirvan al mirar.Al recordar más tarde lo que temprano vivimos somos esclavos y amos de memorias que solos vimos, momentos que ayer vivimos y que la vida clavando miles de agujas un día tatuara en nuestras almas. Tinta indeleble de carnes maceradas por el tiempo; sondas que hondo penetran por las honduras del tiempo y red que pesca y se ajusta a los caprichos del agua. Aguas de La Isabela, parque de libertad, que nuestra Carmen patrona bendijo desde su altar. Río, manglares, arena, sol y mar, clavados en el alma están, de todo el que en la Isabela llegá una noche a pasar.

Y si tuvo la buena fortuna de pescar por sus manglares, por La Pasita, Cayo Levisa, El Cristo, Esquivel y los bordes del beril, a ese se le impregnó en el cuello una cadena pintada de sal que se acusa de lucir blanca y sudorosa hasta la piel quemar. Esa es parte de la tinta indeleble del recuerdo del pescador. Poeta o carpintero, rico, pobre, vecino o forastero, nuestras playas se adentraron en las almas con tenacidad de cielos y le dejaron por siempre y por los tiempos porvenir el recuerdo indeleblemente tallado en sus sienes, de un rinconcito de Dios.

Tallada llevo en pecho el arena de mis playas y en el rostro al viento aun repiro el aire de sus terrales.

Gilberto Rodríguez, es uno de los últimos
lobos de mar de Sagua La Grande.

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domingo, junio 28, 2009

El Fantasma del Convento

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Por: Gilberto Rodríguez

Cuando chico, yo trabajé como ayudante (remero) de algunos de los mejores pescadores individuales de La Isabela, tales como Mongo Morejón, con su magnifico bote llamado famosamente "Tiburón", (acerca de el cual un dia, tal vez sepan mis coterráneos y Cuba, cuanto patriotismo lleva entre sus maderos.) y Calixto Sánchez. Este último, a quien le gustaba tanto comer pescado hervido como a los noruegos, ha sido, a mi ver, el mejor pescador de al palangre de cuantos he conocido, y he visto algunos alrededor de los puertos del mundo.

Esta vez habíamos pescado durante cuatro noches "al canto del beril" frente al Faro de Boca de Sagua. Traíamos una "buena marea" al decir de los pescadores. Pargo, biajaiba y rabirrubia llenaban el tanque y la nevera hasta más no dar. Después que hubimos amarrado la chalana frente al portal de la casa de Sánchez y asegurado la nevera, yo salí caminando por los tablones que cubrian cual puentes los portales que nos separaban de la tierra firme. Tomé rumbo calle abajo y unas pocas cuadras me encontré frente a las puertas de El Teatro Sanz, cuando eran ya más de las once de la noche. El kiosco de los chinos estaba abierto aun, pero casi vacío. Me llamó la atención el anuncio en la pared: "Esta Noche, Gran Estreno. "El Fantasma del Convento."

Subiendo los escalones hasta lo alto del portal ví que las cortinas estaban corridas y la puerta principal permanecia abierta de par en par, como se suele decir. La luna, posada sobre nuestras bellas playas, nos estaba regalando una lisonja de pura plata y marfil; la noche estaba tan clara que parecía como si todas nuestras mujeres quisieran a un tiempo sonreir. Pero el calor apretaba los dientes cada vez...y Miguelito que era tan gordo y lo sufría mucho más, tenía la costumbre de abrir las puertas y permitir la entrada gratuita a todo el se allegara al teatro tarde en noches de función en verano.

"Hola, Miguel."

"¿Hola, Perera, mucha pesca?" "Entra, entra y mira."

"No, gracias, prefiero quedarme aquí con usted. Si, hemos traido una buena marea, Miguelito."

"Como quieras, esta es una buena obra española, pero ya está por la mitad."

En ese instante salió Felicín que sudaba copiosamente, saludó al pasar y, dirgiéndose a Miguelito, dijo: "Voy por una limonada."

Miré hacia la pantalla o, como le llamaban muchos entonces, "la sábana" cubierta de blancos negros y grises, como era por aquellos años la cinematografia. En una suerte de castillo, un "sereno", sosteniendo con la mano izquierda un farol de "luzbrillante" sobre su cabeza, hablaba pausadamente con una mujer, de la cual en breve se despidió emprendiendo un recorrido por los oscuros y silentes pasillos y corredores a paso mesuradamente serenos y a la vez anunciados porque sus zapatos, al posarse sobre los pisos de granito producían repiqueteos sonoros por doquier. Andubo un rato. La música de fondo, que aun no poseia los adelantos psicológicos estudiados de hoy, por lo menos era lo suficientemente enervante como para crisparle los pelos al cura.

El público permanecía en silencio, la audiencia "era una tumba", como decían las auras del chismear.

El sereno, que así llamaban a los guardianes nocturnos entonces, entra en una habitación, se acerca a una cama donde yace un esqueleto, lo mira bien, se da vueltas, se coloca el farol, mientras lo sujeta siempre con su mano izquierda, sobre la cabeza, y colocado de espaldas al esqueleto, comienza a buscar algo entre los libros que hay allí en el estante. Así estaba cuando un fuerte golpa resuena por el lugar. El esqueleto sacando su huesudo brazo derecho, de entre la sábana que le cubría, descargó su mano semiabierta sobre la mesita de noche que estaba al lado de la cama.

Con el golpe un ruido de susto retumbó por todo el teatro. Mucho pelos se pararon de puntas y algunos no tan peludos se salieron de sus asientos. Mientras tanto el viejo guardián simplemente se volteó a mirar... y de nuevo atendió a buscar lo fuera que buscaba entre los libros. Tomando un viejo libro estaba cuando el muerto descargó ahora su mano izquierda contra la pared de su lado. Esta vez el golpe era muchos más fuerte. Y la sorpresa de la audiencia no se hizo esperar. Saltos, murmullos, salidas aprisa y hasta risas contagiosas por demás. El viejo sereno, pausadamente se acercó a la momia, le dijo algo y regresó a su labor. Comenzó el desfile."Buenas noches, Miguel..."

Se cuenta simple desde aquí, como aquel que desde encima del puente le indica al que ha caido al mar, sin saber nadar, "Nada, nada...es muy fácil."

Yo ya había visto más que lo que mi disfrute cinemático podía permitirme.

"Hasta mañana, Miguelito, me voy..." No se si me oyó Miguel. Felicín entraba de regreso de su salida en busca de una limonada.

Para llegar a mi casa en Punta Gorda yo tenía que atravesar todos los patios del ferrocarril: Línea de pasajes, Patio de la Aguada, Patio de la compañía mielera US Molasses Co., Los trenes y tanques de la Texas Oil Company y por último los de Los Almacenes de Alfert y Cia. Era tiempo de molienda todavía y la actividad ferroviaria y portuaria en general era muy grande, de modo que todos los camino que habia que andar entre Punta Gorda y el pueblo habia que hacerlo pasando por debajo de los trenes, una porque eran muchos y, dos, porque a ningún trabajador ferroviario le importaba un bledo si el pueblo, su pueblo, ellos mismos, tenían que seguir viviendo a cada instante y para ello era necesario atravesar el ferrocarril.

Una ventolina del sudeste comenzó de pronto a soplar.

La luna bañaba de plata hasta los mismos manglares que regocijados mostraban a la noche sus dientes de sal. Yo iba ahora caminando con miedo. Por cada guijarro que el suelo mostraba yo pretendía ver un fantasma... y mi amiga linda, ya no era verde, ni de queso, ni le volaban las vacas por encima, no; más bien me ayudaba a ver fantasmas... aunque yo no estuviera en el convento. ¡Ingrato que fuí! Como podía saber yo que en los años venideros, fuera sobre el Mar Mediterráneo, el Mar del Bósforo, en el Mar Caribe y en los siete mares iba esa bola de roca ofrecerme tanta alegría, tantos placeres, tanta amistad... Si ahora en retrospecto veo que aquellos negros carros tanques eran más bien galanes vestidos de etiqueta para una bodas y no un funeral. Si aquellas blancas figuras que hacían ruido bajo los trenes y corrían tratando de atraparme eran novias que buscaban un novio y un altar, en lugar de ser aquella malditas hojas de periódicos sueltas entre las ruedas que el viento hacia revolotear. Y corazón fuera del pecho llegué a mi casa en Punta Gorda.

Y esa noche dormí con un esqueleto dando golpes sobre mi cabeza que, por más que la escondia entre la sudorosa sábana y la almohada, más me golpeaba el condenado sin que el "sereno" me ayudara.

Al dia siguiente salí a buscar a las blancas muertas que anoche me asustaron tanto. Por esos lugares andaba un grupo de hombres recogiendo papeles de periódicos, era el Supervisor de reparaciones ferroviarias José Caballero y sus cuadrilla. Entre sus manos se estrujaban las blancas novias del futuro conjuntamente con las fantasmales figuras creadas por El Fantasma del Convento.

Esa noche, como todo un valiente, pude dormir.


Gilberto Rodríguez, uno de los últimos
lobos de mar de Sagua La Grande
(N de R)
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martes, junio 09, 2009

El negro Legorburu

Por: Gilberto Rodríguez

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Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar..." José Marti.



El mal olor venia con la brisa anunciando el paso de algún animal muerto por las arenosas calles del pueblo. Las caras de los parroquianos (de los isabelinos, Gilberto...), se volvian en busca del sucio carretón de la basura, que no debia andar muy lejos.



El verde mar, color con que hubo sido pintado alguna vez, pujaba por mostrar una sonrisa por debajo de los chorros colgantes de pútridas sustancias que un dia fueron tal vez manjar en nuestras mesas. Y aquel cuadrado cajón, ancho arriba y menos abajo,que pudo haber sido el que transportaba oro en alguna mina oriental, era alli el "aura tiñosa" que cargaba en sus entrañas los desechos "perfumados" de cada rincón del pueblo.



Desde La Punta hasta el cabo del pueblo recorria llenándose la ancha panza en cada jornada. Montado sobre dos grandes ruedas de madera cubana forradas con zunchos de hierro a puro fuego, tal vez hechas por Perico Veliz en la Fundición, que tenia allá en el patio de su casa, cerca de la carretera,el viejo carretón era fiél compañero y silente cómplice en guardar los secretos de la cocina de cada isabelino. Complicidad silente y servíl la suya, porque trabajaba con "El Negro"...y este casi nunca hablaba.Tiraba,-si es que a eso se le puede llamar asi,- del carretón un gigantezco mulo color chocolate que, bien mirado, podia confundirse en color catadura con el infeliz carretonero.



Ya dijo el chuzco maldito al hacerse cargo del corral: "Estos burros que llevan tanto tiempo juntos en el mismo corral todos se parecen por el pelo". Hombre y animal eran grandes, de pelo y piel oscuras. Pacientes eran los dos, más pacientes digo, que Jean Valgean actuando como Cuasimodo en la pelicula francesa titulada "El Jorobado de Nuestra Señora deParís". Nada, lluvia, viento, chillidos burlones de los golfillos callejeros, pregones ni la trompeta del Capitán Nemo, si Jules Vernes se la hubiera mandado, pertubaban la paz mental o alentaban la parsimonia del hombre ni la del animal.



Tenian su paso.Solo los jueves cambiaban de paso. El pobre mulo vestia sus orejas de fiestas, moviéndolas casi cual si fueran de conejos enamorados de la zanahoria. Era dia de romeria, de campo abierto, de yerba fresca, de agua bebida al filo de las lagunas de el Dorado, de...Y en la soleada faz de el "Negro", uno como sutil brillo en la voz se notaba al arrear su animal. "Hala, vamos, arrea, mulo". Eso era en aquél solitario ser humano una especie de medio de alegre expresión, esparcimiento, descanso. Ah, si, hermano; hay almas que gozan y descansan de sus cadenas si un dia las pueden arrastrar porlas calles fuera de sus paredes.



El "Negro" y su mulo gozaban de asueto los jueves. Viajaban muchos quilometros para encontrar yerba de guinea y, hoz en mano, cortar y atar en sendos "masos de yerba",el verde alimento para alimentar durante la semana venidera al rudo animal. Y el mulo se aprovechaba con la picardia de saber que hoy el podia comer toda la yerba fresca que sus maxilares triturar pudieran.Y mientras tanto, el "Negro" sudaba.


Muchos años duró esta rutina. Yo era un niño cuando empecé a ver esta ESTAMPA ISABELINA.



Nadie parecia sentir interés por El Negro de la Basura. Que dicho sea de paso no era negro de raza. "El Negro"Legorburu era oriundo de Las Islas Canarias, como tantos en nuestra provincia Villareña, pero más parecia marroquí que español por su piel. Vivia muy solitario, yo no recuerdo haberle conocido amigos ni haberlo visto en comercio o bar alguno. Se decia que era miembro de la familia Legorburu, que era una muy distinguida y buena familia de Sagua y la Isabela, pero yo no lo sé. (Por cierto, Carlitos Legorburu fué por mucho tiempo alcalde de la Isabela. Y muy bueno y luchador que fué.) Al "Negro", todos le miraban indiferentes, como si el mal olor de los deperdicios de sus propias casas, recogidas por este ser humano, fuera el mal olor permanente y único del infeliz carretonero.Casi nadie se dirigia a el.

Y, oh, perdón, error que cometo, una vez oí al sibarítico juéz Enrique Ardabín haciendo piruetas con su larga boquilla de marfil, mientras prendia uno de sus ovalados cigarrillos preguntárle si le hacia un cierto favor.El mameluco o coverall que vestia, que una vez fué de dril azul tambien se igualaba con el verde extraviado del carretón. Y solo le vi uno oscuro cuando pasó el ciclón. ¡Dios santo, cuánto es capaz de trabajar un ser humano por el bien de sus hermanos! Regalo humano era el "Negro de la basusura" a nuestro pueblo de Isabela.Yo me fuí a cabalgar por las sierras ajenas que Dios me diera. Y pasaron los años. Y vinieron las imágenes retratadas en el cerebro.

La última imágen que los ojos ven, la computadora de nuestra vida la conserva permanentemente como su historia. Y si la vimos niña, muchos años después, desafiando la realidad, nuestra memoria nos exige que la veamos niña todavia, como miran las madres. Tanto asi, que en Francia, allá por los años 30, cientificos policiacos, con la colaboración del Doctor Israel Castellanos, ese genio cubano de lasciencias policiales, llegaron a crear un tipo de fotografia de la pupila de los humanos muertos violentamente para poder ver quien fue la última persona vista por el difunto.Un dia volví de visita a mi pueblo. Y pregunté, si; yo pregunté por el "Negro"."El nuevo alcalde lo despidió (¡Arrea!) lo botó y puso un hombre limpio en su lugar." Me dolió un poquito esa expresion. Caray, me dije durante tanto tiempo este pobre hombre nos mantuvo nuestro lindopueblo limpio y es esto lo único que se nos ocurre decir...


Me fuí por los barrios a ver no sé qué... Pero ví desperdicios en las calles. Habia una gato destripado cerca del Ancla en el arenal de La Punta, y desperdicios de comidas junto al Muelle del City Bank. Bajé hasta el Muelle de Amézaga y, en el Bar de Muti, que todavia no se llamaba Barrilito, y alli me presentaron a un señor que hablaba de política, comparaba aguardientes, reía con las putas deambulantes y vestia camisa blanca. Me dijeron que era el nuevo recogedor de basura del pueblo. Me pareció que en ese momento mi querido pueblo era traicionado por los condenados políticos de afuera, y le pregunté al buen hombre cuando habia recogido la basura por última vez. Pero no esperé la respuesta. Me despedi.


Mientras el avión que me llevaba de regreso New York atravesaba el Estrecho de La Florida, en mi cerebro revoloteaba, cual ala de mariposa asustada fuera, una idea peregrina, y mi voz descuidada sacudió a los pasajeros: ¡Qué diantres, "el Negro" era el mejor!

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Gilberto Rodríguez, uno de los últimos lobos de mar q
ue nos quedan del siglo XX.
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sábado, mayo 02, 2009

¡Vámonos para la Isabela !


Por Jorge Rodríguez Peñaranda

…¡quiero que me sepulten cerca del río bajo el
cielo sin manchas de la Isabela!
Arturo Doreste

Entre Sagua y la Isabela siempre hubo algo más que la asociación oficial que hiciera del maritimo barrio una dependencia política y administrativa de nuestro Municipio. Geográficamente la Isabela siempre estuvo unida a Sagua por el Undoso, que arrastrando penosamente su vejez por sus sinuosos meandros, iba a terminar allí el largo recorrido iniciado ciento y tantos kilómetros atrás en el Escambray. Por tierra el enlace era aún más precario, por intermedio de aquella polvorienta carretera, tantas veces reparada y nunca totalmente terminada y por el gas-car que numerosas veces al día depositaba su carga de viajeros en uno u otro terminal, tras repasar, una y otra vez, el invariable itinerario: Santa Ana, Saavedra, Macún, Júcaro, Las Salinas, El Dorado, y viceversa.

A pesar de la separación física, de apenas unos pocos kilómetros, la Isabela fue siempre parte de Sagua, aun cuando sus habitantes, en su comprensible afán de conservar la identidad pueblerina, se empreñaran en llamarse “isabelinos” y no sagüeros. Y los de acá, miramos siempre hacia el vecino poblado con cierto paternalismo, a lo hermano mayor. Pero, por encima de esas manifestaciones superficiales, siempre estuvimos profundamente identificados los unos con los otros ante la comunidad de intereses y como resultado también de indisolubles lazos de sangre.

A orgullo tengo la sangre isabelina que por mis venas corre. Mi abuelo paterno recaló en la ribera isabelina en su emigrar desde la nativa Galicia y allí plantó su tienda de peregrino, formando su hogar al contraer matrimonio con mi abuela, quemadense de nacimiento. En la Isabela nació y creció mi padre, marinero en su juventud en la falúa de la Aduana.En la Isabela conoció y enamoró él a mi madre sagüera, maestra a la sazón en la escuela del lugar. En la Isabela vivieron durante sus primeros años de matrimonio y allí también pasaron mis hermanos mayores los primeros años de la niñez. Más tarde, en la Isabela disfruté yo las vacaciones escolares del verano durante años, aprendiendo a amar a la Isabela y a los isabelinos, entre los cuales se contaba una nutrida parentela, integrada por varios tíos y tías y numerosos primos. Y a la Isabela regresé después muchas veces con el correr de los años, para visitar y compartir con amigos y familiares o de paso hacia el Esquivel, en los últimos años que antecedieron a la salida hacia el exilio.

Si se le miraba desde la altura, la Isabela asemejaba una larga serpiente marina que se adentraba en el mar, con sus extremidades traseras apoyadas en las Carboneras y las delanteras afincadas en la Punta; con el espinazo de su carrilera y con sus costados recostados sobre el río por un lado y sobre el mar por el otro, en la costa que miraba a la cercana cayería circundante.

En el centro del pueblo estaba el parque y a su lado la iglesia, punto de partida durante las tradicionales fiestas de Julio, de aquella procesión de la venerada patrona, la Virgen del Carmen, llevada en andas por los fervorosos isabelinos que se disputaban el honor de soportar la sagrada carga y de pasearla después en lancha por la bahía, en un ritual anualmente renovado con que se autosantificaban aquellos improvisados penitentes.

“El Carmelo” era algo así como el kilómetro cero desde donde parecían arrancar hacia los cuatro puntos cardinales las arenosas callejas, pomposamente llamadas “avenidas” algunas de ellas: trepándose por los puentes de madera con sus pintorescas casas sobre el río; abriéndose en abanico hasta el mar, más allá de la Carrilera o perdiéndose en el laberinto de modestas casuchas que llegaban más allá de las Carboneras. Y en el otro extremo, la Punta con las lomas y más acá los muelles por los que salía la riqueza azucarera, rumbo a sus lejanos destinos.

Frente al parque estuvo el Teatro Capitolio y también el Círculo Isabelino, destruidos ambos durante el ciclón del 33. Más adentro en el pueblo, el varadero, el Teatro Sans, la Planta Eléctrica y la panadería de Azcoitia. Y oteando en el horizonte, mirando hacia el mar, el Hotel Miramar, más tarde destruido por un incendio y en cuyo asiento sobre el agua se construyera después la moderna Capitanía del Puerto y la sede de los Amigos del Mar.

En el perfil urbano de la Isabela se destacaban sus dos mejores edificaciones: la estación de Concha, como se llamaba la Isabela en términos ferroviarios, que era la terminal del ferrocarril que venía de Sagua y la nueva Aduana, que sustituyera a la original estructura de madera. Merecen también mención el bonito Chalet de Marcelino García Beltrán, allá en la Punta y desperdigados por todo el pueblo, desde Punta Gorda hasta las casas de Don Valentín Arenas y desde el Campitos frente a Casa Blanca hasta el otro lado como acosados sobre le mar, los numerosos almacenes de García Beltrán, de Amézaga o de Alfert, en los que se guardaba el azúcar producido por los muchos centrales de la Jurisdicción de Sagua, previo el embarque por el puerto isabelino, uno de los más activos de la costa septentrional de Cuba.

Los habitantes de la Isabela se dividían básicamente en dos grupos: las familias de los estibadores que se ganaban la vida en el duro bregar de los muelles y la de los pescadores que con el afanoso trabajo de sus chinchorros arrancaban al mar su cosecha, canalizada después hacia el mercado capitalino, a través de los trenes de pesca. El isabelino, cubano al fin, era franco, abierto y cordial. Adicto a la fiesta, adornaba con su algarabía los numerosos bares y tabernas cuando abundaba el trabajo, en un consumo de cerveza y otras bebidas, que iba algunas veces más allá de lo razonable. Porque el isabelino tenía fama de buen bebedor, pero era gente sana, siempre presta al espontáneo abrazo y a la efusiva confraternización.

Su espíritu gregario se manifestaba en instituciones como el Círculo Isabelino, por cuyos salones desfilara la sociedad isabelina toda, sin distingos de clases. O como los gremios de estibadores de mar y tierra o las lógias masónicas, lugares de perenne reunión de los hombres de aquel sencillo pueblo.

El puerto estaba acordonado y protegido por la cayería que le servía de natural rompeolas, haciendo de la espaciosa bahía un lago de tranquilas aguas.
Boca de Sagua, el Roteño, el Esquivel, Cayo Cristo, Boca Ciega, Marillanes, Cayo palomo, Cayo Levisa, la Empalizada son solo unos pocos de los nombres que identificaban los accidentes de la geografía marinera. Y surcando las aguas a vela, las chalanas y viveros de los pescadores, con el “Petrus”, el “Magdalena”, el “Cayo Levisa”, el “Carahatas”, o el “Petrola” remolcando las lanchas y las patanas subiendo y bajando por el río o viajando al Purio, a Chávez o a Carahatas en el constante ir y venir del trajin azucarero.

A la Isabela le han nacido muchos hijos que le han dado lustre en variadas actividades. Arturo Doreste, poeta insigne, cantó al terruño en inspirados versos. Juan Antonio Morejón, hijo también de la Isabela, ahora frecuente colaborador de “EL UNDOSO” desde su obligado refugio asturiano donde rumia la tristeza del exilio, dio y sigue dando muestra cabal de sus dotes de escritor. Otros han sido connotadas figuras de la vida pública, como el querido Oscar Valdés, empresario en su juventud del Teatro Capitolio, de los tres Teatros de Sagua más tarde y dos veces candidato a alcalde de Sagua (“Oscar Valdés García, tres teatros y una alcaldía”…¿recuerdas , Oscar?). Y aunque no fuera nacido en la Isabela, fue el Ingeniero Juan Manuel Planas el cronista de la Isabela, al escribir una fascinante novela cuyo título escapa a mi memoria, en la que describió la Isabela de sus tiempos y las imaginarias aventuras de un grupo de isabelinos que viajan al Mar de los Sargazos en pos de un quimérico tesoro marino.

Y antes de terminar, una breve referencia a un histórico episodio, tan tristemente recordado por los isabelinos: el ciclón del 33. Azotó a la Isabela con devastadora furia en la madrugada del 1ro. de Septiembre de aquel año y arrazó virtualmente una parte del poblado. La pérdida de vidas fue mínima en la Isabela, gracias a la heroica evacuación masiva de sus habitantes por vía ferroviaria, bajo lo más intenso del huracán. Pero en Cayo Cristo se yergue una impresionante cruz de piedra que recoge los nombres de los treinta y tantos seres humanos que de allí se llevó la muerte en aquella noche de trágica recordación.

Algún día volveremos de nuevo quizás a Isabela: a deambular por sus calles, húmedas aún, tras la bajada de la marea; a purificar nuestros pulmones de la contaminación citadina, respirando la limpia brisa marina; a escudriñar entre las aarugadas caras de los más viejos, en busca de algún rostro antaño conocido. Nos sentaremos frente al mar, como otrora, a saborear un delicioso arroz con mariscos o una sabrosa paella marinera, tras el obligado preámbulo de una generosa ración de Ostiones de Sagua, digo…de la Isabela. Porque en esto también están para siempre unidas Sagua y la Isabela: es en las aguas y en los manglares de la cayería isabelina que se crían los suculentos moluscos, pero fue Sagua que les dio el nombre con el que conquistaron su bien ganada fama entre los adictos a la buena mesa.

San Juan, Puerto Rico.-Abril de 1976.

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REVISTA EL SAGÜERO
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En esta interesante publicación mensual de 52 páginas se aborda la historia de toda la Jurisdicción de Sagua La Grande (luego Región), que abarcaba en sus inicios desde el río Sagua la Chica hasta la frontera con Matanzas, y desde los cayos en el norte hasta Cifuentes por el Sur, es decir la misma configuración geográfica que tenía el Territorio Indio Sabaneque a la llegada de los conquistadores, cuando Sagua (territorio) era un país.La revista se puede pedir gratis desde cualquier parte del mundo (incluyendo a Cuba, claro está) al siguiente correo:
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domingo, marzo 15, 2009

Anclas y Arena

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Por: Gilberto Rodríguez
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Era yo muy chico aun cuando comencé a soñar con el espacio que se perdia de vista allá por los horizontes. Y me paseaba por las orillas del mar recogiendo "conchas" y caracoles para regalar. A veces, mientras mi padre realizaba sus labores en los almacenes de García, yo iba con el hasta la puerta y, con más inquietud que alas, me encaminaba hacia el punto más saliente hacia el este del pueblo. Pasaba por la casa de Juanillo el Isleno y más allá estaba el amplio arenal de La Punta. Una especie de delta, de juez mediador, con su larga extensión de estacas alineadas a lo largo de decenas de metros desde la orilla hasta donde ya las aguas eran navegables, pareciera ser aquel límite de los adioses, entre la salada bahía y las mezcladas aguas dulces quebajaban por la desembocadura del río, en busca del amplio mar, por Casablanca.

Allí, en La Punta, solia haber una rica acumulación de ostras blancas, sepia, violetas, multicolor y forma física capaz de satisfacer a cualquier coleccionista hawiiano. Crujían, crujian, crujían, como crujen los ejes de la viejas carretas solo que con chirriar de gaviotas.
Yo era el chico aquel que cantaba en voz baja mientras revolvía el arena con los pies y merodeaba alrededor del ancla solitaria.


En la isla de El Salvador, punto saliente de Las Islas Bahamas hacia el Este, hay sobre las arenas una vieja cruz de hierro que marca el primer punto de el Nuevo Continente que Colón pisara, tras su larga navegacióny su afortunado encuentro con las gaviotas. Tal vez nadie lo planeo así; es muy posible que fuera solo una casualidad...o una honrosa tradición marinera. No lo se. Tampoco se quien planto el ancla en nuestro arenal, pero hay una similitud de posiciones que llama a pensar y a discurrir. Pero lo cierto es que aquella ancla, erguida sobre sus ganchos, y semi recostada a su pendular cruz, una de esas plegables, debía haber estadobajo el agua por mucho tiempo. Las cicatrices en su brazo estaban selladas por cascos de ostras disecadas por el tiempo, y sus rojo color de herrumbre contrastaba con la blancura resaltante de esas ostras.

Yo la tocaba. Con amor la tocaba mientras la curiosidad me llevaba a hacerle preguntas. "¿Donde has estado?" "¿Qué otros mundos hay más allá de Cayo Cristo?" "¿Como lucen las sirenas del Mediterráneo cuando cantan nadando por las agua de Grecia?". Y aunque a veces me saqué alguna gota de sangre de las manos al acariciar la querida ancla, no me quejé jamás, por que compartía con ella el afán de distancias, la cita con las soledades, la visión del "allá". Y un día pregunté...

"¿De donde salió esa ancla?"

"De un velero muy grande que se perdió en una tormenta hace mucho tiempo."

"¿Y, como llegó hasta aquí?"

"Un buzo isabelino la rescató y por monumento a los que en mar quedaron, y queden en el futuro...

"No escuche el resto. Me alejé llorando en silencio, a unos pasos de distancia. Recogi uno cobos bien rosados, como una docena recogi. Después llevé uno a uno los vacíos y hermosos caracoles y los puse contra los puntas del ancla como formando entre un círculo y un corazón en el arena. Lloré más aun...y mojé con mi rostro pegado al duro herraje las herrumbrosas ostras y moluscos.

Miré hacia la boca del río, en dirección oeste, luego me volví a mirar hacia los muellas, por el noroeste....Chalanas, goletas, yates, vapores, acaso anclas futuras para plantar en algún puerto lejano, oaventureras velas que un día se hincharán para salir en un viaje de cuento de hadas...Madres sin hijos, esposas...

Me dejé caer al pié del ancla. Pense en los marinos que nunca llegaron; a los veleros que mueren de vientos, y a los que quedan detrás. Me recosté a ella. Le pegue mi carita y le acaricié su brazo, como se acaricia una madre, como se hunde uno en el pecho protector de su padre.....

No se cuanto tiempo dormí, no sé. Pero por cada puerto que pasé durante mi vida en el mar, quise buscarel ancla solitaria de las puntas, que los puertos tienen puntas cuando se trata de navegantes y aventureros, y aún hoy, cuando veo por el satélite nuestra Isabela siempre miro hacia la Punta, como el que busca el aire para volver a respirar, las luz para ver, el momento para recordar.

Es la estampa que silente nos recuerda a cada instante lo frágil que es el hombre frente a la Naturaleza, y lo noble que es nuestro pueblo que se inclina ante el recuerdo de los que, por venir a él, perdieron.

El ancla de la punta es, pues, a mi ver, la cruz del que perece, y el anuncio de nuevas aventuras.Es una Estampa Isabelina.




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Tomado del ARCHIVO SABANEQUE
de Pedro Suárez Tintín
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sábado, enero 24, 2009

¿Por qué soy isabelino?

Por: Gilberto Rodríguez

Ah, pregunta curiosa!Yo soy isabelino porque España mandó a un extraordinario guerrero y cruel militar llamado Valeriano Weiler. Soy isabelino porque una familia de gallegos y una de asturianos se establecieron en los campos de Las Villas. Soy isabelino porque a una jóven pareja vizcaína les nació un niño abordo de un barco español mientras navegaban hacia nuestra Cuba, y cuya inscripción en el libro de Bitácora dice "...Nació el niño Manuel Marino del Mar Perera, a las alturas del Cabo de Portugal..."


Soy isabelino porque de aquellos españoles que se aventuraban a las nuevas tierras se crearon nuevas familias cubanas, se fundaron pueblos, se crearon grandes cosechas de tabaco y se desarrollaron labores de progreso personal y amores profundos por "la Tierra más fermosa que ojos humanos vieron.

"Soy isabelino por que un día los cubanos decidieron, dada su existencia como nación solitaria flotando en la corriente, echar velas al viento y salir por sus propios impulsos,viajar en sus propios derroteros, sentarse al banquete de la Libertad de Los Pueblos Civilizados,derecho que tanto ansiaban, y tener su propia estrella en el firmamento, como una nueva Polaris que guiara sus destinos.

Y soy isabelino porque dentro del seno de aquellos viajeros que un dia fueron, hijos nacidos en las nuevas vegas de tabaco, panaderias y vallas de gallos, se dieron a la tarea aventurada de ganar para ellos y para las generaciones futuras el derecho de ser dueños de sus propios destinos. Y las familias se dividieron...y el delicado tejido de la nueva sociedad se agrietó en los comedores y la sangre corrió por montañas y valles como corre el agua desde el corazón de Manicaragua hasta las playas de La Isabela.

Y los hermanos se pelearon. Y mientras José Martí cantaba su poema de amor aun en la guerra: "....lo amo si es cubano, lo amo si aragonés...", o un tantito más tarde, allá el su tierra natal, San Diego del Valle, por cuya campiña corria peleando por la Libertad de Cuba, mi abuelo paterno, José Maria Rodriguez, caia bajo las balas de los "voluntarios"(¿?) cubanos...

Mi padre tenia dos años a apenas de nacido, y era el tercer hijo de José Maria Rodriguez y de Isabel Perera Ibañez, quien era a su vez, hija de aquel niño que le nació a los jovenes vazcos, en el mar. Isabel era la hija mayor de la familia Perera Ibañez que se consideraba pro España, mientras que su esposo y toda la familia deaquél se habian "aplatanado" tanto los unos, y nacido en Cuba los otros que eran considerados "cubiches" y por consiguiente "enemigos".

Mi abuela fué desheredada por su padre y expulsada de se pueblo natal por la brutalidad desbordada de Weiler. ¿Recordamos acaso La Historia de Cuba y "La Reconcentración¨"?

En la Isabela vivia ahora una negra congolesa que nunca se puso zapatos, que tuvo un hijo blanco, buen hombre, pero escasamente hijo, y que lavaba ropa y cuidaba niños para que la esposas hicieran los trabajos del puerto porque los hombres estaban en la guerra.

Mamá Carlota, que así le deciamos, cuando era esclava en una finca al lado de la de mis bisabuelos, con la ayuda de mi abuelo pudo escapar de su cautiverio y se fué a esconder a La Isabela, donde tuvo el hijo blanco que nunca supo quien era su padre. Mama Carlota la negra esclava escapada del cepo y de las cadenas tenia corazón y no sabria hablar bien el español, pero sabia muchos de gratitud y amistad. Gracias a Mamá Carlota mi abuela, la blanca y pecosa de delicadas manos y uñas bien pintadas, pudo lavar ropa "pa´fuera", hacer comidas para vender y criar a tres hijos varones con un millar de sacrificios. Mi padre era el más chico de los tres, y Mamá Carlota lo enseño a caminar y limpiarse las narices.

Yo soy el hijo mayor de mi padre. Cuando Mamá Carlota murió yo lloré por ella más que su propio hijo. Tambien por eso soy isabelino un poco.

Cuba ganó su independencia al fin, pero al banquete de La Libertad no se sentó Martí, ni el jefe de mi abuelo, ese extraordinario patriota sagüero, médico por demás, Panchito Rodriguez, ni tampoco mi abuelo. Todos ellos habian pagado el precio máximo que puede pagar un hombre por su Patria, que la vida. Y la vida sigue su marcha indesviable hacia el futuro... Y los hijos crecen.

Y mis tios junto a mi padre crecieron, y crecieron y aunque sabian que eran nativos de San Diego, solo se sintieron isabelinos. Por eso tambien soy isabelino yo, aunque con un camino aventurado por doquier.

Mi tio José Manuel Perera y mi padre se fueron al servicio militar siendo aún muy joven mi padre. Menocal, Zayas, "Chambelona" La joven República sufrió muchos vaivenes y mis padres se casaron en Rodrigo.Ah, pero ahora viene la Isabela, al fin, a mi cuento. Y aqui cominza una vida que ha sido y es, amigos, como una de esas ondas que va y va y sigue como la rueda infinita del universo rodando hasta quizas, algún lejano atardecer, en medio de una carcajada.

Yo nací en el carro de Marino, "Tin Tan Ya Ya", en medio de la noche, en el camino con pretension de carretera que une a Rodrigo con Santo Domingo, bajo la lluvia y sin luz...

Y me trajeron para La Isabela.

Y por eso soy isabelino.



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Estractos del Archivo Sabaneque. Más detalles en:
http://isabeladesagua.tripod.com/
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martes, diciembre 30, 2008

El Sitio de los Isabelinos desde 1998

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NO TE OLVIDES DE PARTICIPAR CON TUS MENSAJES EN EL SITIO DE REUNION DE ISABELA DE SAGUA, :




Gracias a este intercambio cibernético muchos amigos nos hemos encontrado desde 1998 y muchos coterráneos por el mundo han aparecido. Inscríbete además para participar en las fiestas anuales de Sagua la Grande y así podernos ver, abrazar y recordar un poco nuestra añorada Isabela.


YA TENEMOS MAS DE 3 000 MENSAJES ARCHIVADOS POR ESTA VIA Y ALREDEDOR DE 200 EMAILS PARA ASI TENERLOS LOCALIZABLES, PERO QUEREMOS MAS, TENEMOS QUE HACER EL CENSO TOTAL DE LA ISABELA.

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Hola, soy jenny (jennisbett mederos) hija de marcelo el de la cooperativa y cachita la hija de renee y chivi chivi. me dio muchogusto encontrar esta pagina porq me e podido comunicar con amistades q no habia visto desde q sali del pueblo en el 94. espero q se comuniquen conmigo...saludos a todos los isabelinos! negragalindez@yahoo.com
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Hola soy Ismarys Vizcaino, hija de Irma Mata y Frank Vizcaino. Vivo en Hialeah con mi familia, tengo una tienda en el 789 W 81 St y me encantaria ver a gente que aunque viven cerca hace mucho que no veo, asi que si quieren pasar a saludarme ya tienen mi direccion. Saludos a todos los isabelinos y sagueros y espero verlos pronto.
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Hola: Soy una joven cubana, de la provincia de Cienfuegos. Hace algunos años conocí a unas personas de Isabela de Sagua y he perdido comunicación con ellos. Desde hace 14 años no he sabido de su paradero. Ellos se fueron en el año 1994 para Estados Unidos. El padre de la familia se llama Salvador Fernández, su esposa Mercedes Raspiller y sus hijos: Salvador, Yohanys y William. Por favor, si alguien los conoce o tiene noticias de ellos les agradezco que me lo hagan saber. Mi nombre es Blanca Rosa González, y como no tengo acceso a Internet les pido que cualquier noticia la envíen a mi dirección de correo: http://us.f300.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=polcf.cov@jagua.cfg.sld.cu Se lo agradeceré mucho. Dios los bendiga a todos. Saludos,
Blanca Rosa González
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Mi nombre es Nayivis Denis y necesito el Phone # de la publica de Nueba Isabela Mis hermanos estan aya y perdi el Numero se los agradesere siempre. loaine_loandry@yahoo.com
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Re: Marlen hija de Oneida y Ramoncito. Como estan soy Flora la hija de Bartolito, lei el correo de Marlen y quice saludarla mi correo es carmen101956@yahoo.com yo tambien soy de Isabela, saludos a todos los isabelinos, Flora
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hola soy julio gil el hijo de rosa vivo en miami hace 11 anos y estas foto que me llegaron me regresa el tiempo atras y me pone melancolico espero que todos los de mi tierra se sientan igual que yo les felicito a todos y que tengan un prospero año nuevo los quiere julimi coreo es gil102@hotmail.com
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Saludos a todos...Mi nombre es Marlen Cobo(espero que me recuerden)la hija de el COBO.Que alegria que por medio de mi amiga Laura Cartelle la hija de Luis y Olguita que me envio esta direccion halla podido ver estas fotos y recuerdos de nuestra Isabela que aun lejos siempre la recordamos con el mismo amor.Bueno un gusto saludar a todos los Isabelinos presentes y ausentes tambien porque no, verdad! marlecoco@hotmail.com
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Hola mi nombre es Yuliet y quisiera saber de alguien que haya venido hace poco de Isabela . Mi correo es: yulietaira@yahoo.com
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Hola soy Vivian la hija de Mirian Caraballo me da mucho gusto encontrarme con muchas gente ,mi coreo es alejandro1485@yahoo.com los vemos saludos a todas mi gentes los quieros
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Que trabajo mass bonito, felicidades al creador y a todos los sagueros y... los isabelinos... 2725@comcast.net
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ENTRE SAGUEROS E ISABELINOS YA TENEMOS MAS DE 2000 EMAILS DE LOS LUGARES MAS REMOTOS COMO Japón, Holanda, Italia, Arabia Saudita, Sicilia, Malta, Australia, Yemén, Marruecos, Alemania...etc. El mayor porciento proviene de Estados Unidos de América y España; le siguen America Central, Sur y Caribe. Desde casi todos los Estados Mexicanos recibimos mensajes de sagüeros. El periódico "El Sagüero Ausente" está creando grupos de "sagüeros ausentes" en cada uno de esos países y ciudades entre los que ya se destancan: La Habana, Panamá, Toronto, New York, Chicago, Los Angeles, Puerto Rico y España.

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Revista "El Undoso"

Revista sagüera publicándose mensualmente desde 1970.

Para subscribirse a la revista debe llamar a:

Raimundo "Napoleón" Quintero (305) 383-9416

Y para comprar un TOMO, que reune las revistas de un año completo:

Don Juan Barturen: (305) 266-5031 (6865 SW 19 St, Miami FL 33155)

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Se puede pedir gratis desde cualquier parte del mundo (incluyendo a Cuba, claro está) al siguiente correo:

Revista El Saguero, 3672 SW 25 St, Coral Gables, FL 33133, U.S.A.

Por favor, un solo ejemplar por pedido.

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